Prueba: Mazda CX-5 2.5 e-Skyactive G Homura
Después de disfrutar de una presentación diferente y muy entretenida de la nueva generación del Mazda CX-5, tuvimos la fortuna de probar ese mismo vehículo y, por supuesto, os vamos a ofrecer una opinión personal de ello.
Y es que hay coches que no necesitan gritar para llamar la atención, aunque el nuevo Mazda CX-5 llega en un momento complicado para los SUV tradicionales ya que están repuntando, mínimamente, las berlinas tradicionales.
Otra de las cosas que más me llama la atención y me gustan es que mientras medio mercado se obsesiona con pantallas gigantes, motores turbo diminutos y diseños imposibles, Mazda sigue haciendo coches con emoción y coches para conducir. Y eso, hoy en día, casi parece un acto de rebeldía.
La tercera generación del CX-5 mantiene intacta esa filosofía japonesa de equilibrio, que iniciaron el movimiento y la filosofía de diseño elegante, tacto refinado y una experiencia de conducción muy por encima de la media denominada KODO. Pero en esta nueva generación crece en tamaño, mejora la calidad interior y adopta un nuevo sistema mild hybrid asociado a un motor atmosférico de 2.5 litros. Sí, has leído bien, atmosférico, en 2026. Y funciona mejor de lo que imaginas.
A primera vista queda claro que Mazda no ha querido romper del todo con el modelo anterior, ya que ha funcionado muy bien, pero sí que ha evolucionado su diseño y refinado un poco más. El nuevo CX-5 es más musculoso, más largo y visualmente más sofisticado, pero conserva esa silueta elegante que siempre le ha diferenciado de rivales en su segmento.
Delante observamos una imagen muy atractiva y parece agresiva, con una nueva parrilla (que en nuestro acabado Homura está oscurecida) con el logotipo plateado alado en el centro y un rediseño del paragolpes que no incluye luces anti-niebla, ya que no hace falta, puesto que las nuevas luces de tecnología LED, tienen unas preciosas luces diurnas en su interior y cuando están encendidas no se percibe ninguna carencia de iluminación. Estas luces son automáticas y si lo tenemos activado, son capaces de cambiar de luces cortas a largas sin que tengamos que actuar sobre el mando y así nos proporciona una gran visión continuamente sin deslumbrar al resto de los usuarios de la vía.
Sí vamos hacia el lateral observamos una silueta típica de un SUV, con algunos detalles como los retrovisores eléctricos con intermitentes en negro, además de unas llantas de 19" específicas y pasos de rueda, típicos para la protección de la carrocería y los bajos. Otra curiosidad que facilita mucho la accesibilidad al habitáculo, que son unas puertas que se abren hasta en 90º. Y es que con una nueva batalla de unos 2,8 metros, esa habitabilidad (y el maletero) han aumentado, lo que sumado a esa apertura de las puertas, favorece a una mayor polivalencia. Observamos que el conjunto ha crecido en total 11 cm hasta los 4,69 metros, aunque es un dato que percibiremos más en el interior.
Detrás vemos un diseño más refinado, con unos nuevos pilotos más afilados y en el centro del portón del maletero tenemos la nomenclatura MAZDA y no sólo el logo. En la parte baja tenemos dos tubos de escape, perfectamente funcionales que le dan un toque más deportivo, aunque sea un SUV y sea un vehículo que no busca parecer deportivo o futurista. Busca parecer premium. Y lo consigue.
Abrimos el maletero de manera eléctrica (de serie en todas la versiones) y nos descubre un espacio que ha aumentado hasta los impresionantes 583 litros.
Nos sentamos detrás y nos encontramos muy cómodos. Ya no porqué todo el coche estaba tapizado en cuero (bueno, en símil cuero) ya que en su filosofía Omotenashi (hospitalidad en japonés) no se "maltratan" animales para hacer tapicerías, si no porque en este vehículo se favorece el confort sobre todas las cosas. De hecho, los pasajeros traseros gozan de mucho espacio en todas sus cotas y las dos plazas laterales, son térmicas en tres velocidades y debajo de los botones tenemos dos puertos USB para cargar teléfonos móviles.
Pasamos delante y nos acogen dos asientos perfectos. Cerrando la puerta del CX-5 hay una sensación inmediata de solidez, aislamiento y calidad percibida. Son asientos atractivos, cómodos y recogen bien nuestro cuerpo, sin tener índole deportiva. Son también bastante amplios y además están refrigerados y son calefactados, aunque si os soy sincero, hecho de menos tener mandos físicos para esos menesteres, porque están supeditados a la gran pantalla central del equipo de infoocio de 15,6", pero luego vamos con todas las funciones a las que podemos acceder desde ahí. Para esta edición también tenemos techo solar panorámico, practicable en la zona frontal de manera eléctrica.
Aquí debo hacer una pequeña reseña y es que cada vez que me sentaba para conducir tenía que regular el asiento. Entiendo que el asiento se separaba cada vez que bajaba del vehículo para facilitarnos la salida, pero no tenía memoria y cada vez que me disponía a conducir tenía que posicionarme. Era fácil encontrar la postura perfecta de conducción, pero me parecía un inconveniente regular el asiento cada vez que montaba y no llegaba a los pedales.
El volante multifunción también estaba calefactado y también tenía el activador situado en la pantalla táctil central. En el mismo volante, también han incorporado las letras Mazda y no el logo. En sus brazos, tenemos varios botones para no tener que soltar las manos del volante. Podemos cambiar el aspecto de la instrumentación digital con pantalla de 10,25" eligiendo el modo de conducción (Normal y Sport). También podemos cambiar el aspecto general de la información que percibimos al que más nos convenga, independientemente del modo de conducción que hayamos elegido.
También existen mandos para el control de la velocidad de crucero, el visionamiento de las diferentes cámaras de visión con un perímetro de hasta 360º, el equipo de audio, el sistema de mantenimiento de carril o la distancia que debemos guardar con el coche precedente, ya que otra de las cosas que me sorprendió es que en trayectos urbanos no hacía falta pisar el pedal del freno para detener el coche, inclusive en los semáforos.
En la parte superior del volante tenemos un sistema que controla nuestros ojos y nuestra atención en todo momento mientras conducimos y, según la posición de conducción que tengamos. Este apéndice a veces no nos permite ver del todo bien el cuadro de instrumentos y a veces también no nos lee bien los ojos y nos señaliza ciertas alertas en la instrumentación digital.
Detrás del volante tenemos dos levas para actuar sobre la caja de cambios de forma manual. En los coches eléctricos e híbridos sirven para seleccionar la potencia de la frenada regenerativa, pero aquí no existe. La caja de cambios es automática de 6 relaciones de convertidor de par (que me gustó mucho en trayectos urbanos y en una conducción progresiva en autovías y autopistas, pero para ir por nacionales y realizar adelantamientos y esas cosas, mejor pasar a cambio secuencial), con posibilidad de cambiar de forma secuencial si así lo elegimos con el selector del cambio. Proyectado sobre la luna delantera y ante nuestros ojos tenemos un HUD con la información resumida, pero relevante, del cuadro de instrumentos.
En el centro tenemos una gran pantalla táctil de 15,6" que opera sobre el equipo de infoocio. Considero que las imágenes que nos ofrece son espectaculares y bastante realistas, pero la pantalla la veo con poco brillo y hay funciones que según como incidan los rayos solares, no se visualizan del todo bien, aunque hay algunas, como el navegador integrado o la visión de las diferentes cámaras que rodean al conjunto, que se ven de forma muy nítida.
En esa pantalla, como hemos dicho antes, están los mandos de los asientos calefactados y refrigerados, además del volante calefactado o el climatizador. Una cosa que me pareció muy original es que en esa pantalla había un calendario.
Tenemos un botón que elimina los pitidos y me parece una idea bastante factible. Esos pitidos están siempre que arranquemos el coche, son por seguridad y detecta la velocidad de la vía, lo cual está muy bien, pero es un poco "cansino" en trayectos urbanos, por eso me parece una gran idea.
Debajo nos encontramos las toberas de refrigeración y entre los dos asientos delanteros tenemos posavasos y más atrás el selector del cambio automático. Detrás tenemos un hueco bastante profundo para dejar objetos con tapa y en su interior tenemos dos puertos USB para conectar nuestros móviles si así lo deseamos.
No obstante, nuestra edición de pruebas Homura, era la más equipada de serie y, entre otros elementos contaba con climatizador bizona, asientos delanteros de reglajes eléctricos, calefactados y ventilados, asientos traseros térmicos, aviso de vehículos en ángulo muerto, sistema de mantenimiento de carril, luces LED automáticas, lector de señales de tráfico, HUD, volante multifunción, instrumentación digital de 10,25", control de velocidad de crucero con limitador, llantas específicas de 19", visión 360º, equipo de infoocio con pantalla táctil de 15,6", alerta de fatiga del conductor, tapicería de símil cuero, ayuda de arranque en cuesta, control de presión de neumáticos, modos de conducción, ordenador de viaje, luz ambiental, maletero de apertura eléctrica, equipo de sonido premium BOSE, techo solar panorámico, aviso de emergencia, Start/Stop o apertura y arranque por botón.
Si hablamos de motor, no hay duda que Mazda se sale de la norma y monta un motor "grande" 2.5 sin turbos ni "trucos" con una potencia de 141 CV y un par máximo de 238 Nm, que nos asegura una gran fiabilidad, ya que no está "apretado", capaz de alcanzar 185 Km/h y hacer un 0-100 Km/h en aproximadamente 11 segundos. Tiene una pequeña batería eléctrica que no se enchufa ni nada de eso, sino que ayuda al motor de combustión atmosférico en la salida de los semáforos o a la salida del aparcamiento, pero no mueve el coche por sí mismo. De esta manera, obtenemos la pegatina ECO de la DGT y automáticamente es mild-hybrid.
Está asociado a una caja de cambios automática de convertidor de par de 6 velocidades, con posibilidad de cambiar a secuencial que, personalmente, pienso que la parte automática es muy cómoda para usar en la urbe y en una conducción progresiva, pero si queremos fuerza instantánea, el modo secuencial es más apropiado.
Con todas estas soluciones, se contiene mínimamente el consumo general, pero recordemos que es un motor atmosférico de gasolina muy grande que tiene que mover unos 1.700 Kg de masa y tenía tracción total, que si bien, necesita más par para mover todo, nos ofrece una gran seguridad en carretera. Lógicamente, en ciudad consumirá más y en carretera abierta menos. No os fieis de la imágenes porque hice mucho recorrido urbano cuando hice las fotos, pero homologados tiene 7,5 l/100 Km.
Dinámicamente, no es un coche para correr (a pesar de tener algunos aditamentos deportivos) sino para disfrutar de la conducción. Mazda ha priorizado suavidad, refinamiento y respuesta progresiva frente al típico golpe de turbo artificial. El resultado es un coche extremadamente agradable de conducir en el día a día.
En ciudad se mueve con mucha suavidad. En autopista transmite aplomo y silencio. Y en carreteras secundarias sorprende por cómo apoya y cambia de dirección. No parece el típico SUV pesado.
La dirección es muy directa y fácil de dosificar y tenemos un esquema de suspensiones que encuentra el equilibrio perfecto entre deportividad y confort. No son extremadamente duras, pero sí son firmes, y no son extremadamente blandas pero sí confortables.
El habitáculo, está muy bien aislado pero es indudable, que a bajas velocidades, sentimos un poco el sonido del motor, pero en circulación optima, destacamos una confortabilidad interior sublime.
Y es que el Mazda CX-5 de nueva generación no intenta ser el SUV más rápido, ni el más tecnológico, ni el más espectacular. Lo que busca es sentirse bien hecho. Y lo consigue.
Es uno de esos coches que convencen poco a poco. No enamora por cifras, sino por sensaciones. Por cómo gira, cómo filtra, cómo suena la puerta al cerrarse o cómo terminas un viaje largo mucho menos cansado de lo normal.
Puede que sus 141 CV sepan a poco sobre el papel, pero el conjunto tiene una coherencia que muchos rivales más potentes han perdido.
Es precioso en su conjunto y el interior es muy atractivo, pero hay algunas cosas en las que creo que se han pasado con el minimalismo con los mandos.
Mazda sigue haciendo coches para quien disfruta conduciendo. Y eso, en pleno 2026, con tanta hibridación y electrificación para aquilatar emisiones y consumos, vale muchísimo. Es un conjunto equilibrado y bello en su máxima expresión. Aquí es donde el CX-5 realmente marca diferencias.

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